martes, 22 de julio de 2008

Visita a Cartago

Joder, vaya follón. ¿Esta gente no puede hacer más escándalo?! Miro la hora, las 7:00. No puede ser cierto. Los compañeros de litera entran y salen por la puerta como quien está en una discoteca. Ya me han caído mal. A eso súmale el cambio de horario, en España serían las 15:00; buena hora para levantarse.

Álvaro y yo vamos a desayunar, hay cereales, leche, café, tostadas y mermelada. Así que al lío.
En eso aparece un tiarraco que se jode la perra. Extranjero. Resulta que era uno de los que dormía en nuestra habitación, ya me caen menos mal.
Viene otro también y hablamos con ellos. Entre ellos hablaban inglés, pero resulta que estos saben hablar algo de español. Uno es alemán (de padre español) y otro estadounidense (de exnovia colombiana). Son muy simpáticos y nos cuentan que están aquí para dos semanas haciendo algo de cooperación con las tortugas y con una escuela.
Luego se van y Álvaro y yo tomamos (*Apunte: No decir COGER porque significa otra cosa) el autobús para Cartago.
Estando en la parada pasa uno y no para. Nos quedamos extrañados y preguntamos a un hombre que estaba esperando. Nos dice que hay que avisar al autobús levantando una mano para que se pare. Así que el próximo no se nos escapa. No recuerdo bien el precio, pero no llegaba a 1 euro.
Cartago está a unos 20 Km. de San José, aunque el autobús tarda como unos 40 minutos.
El paisaje es precioso, se trata de montañas altas altas y verdes verdes, mucha vegetación. Muy nublado también. Tan nublado que no se llega a divisar el volcán Irazu.

No dejan de haber casas durante todo el recorrido.
Llegamos a Cartago, lo primero que se ve es un cementerio supergrande, debe ser porque no los entierran unos encima de otros (aún no he ido a verlo pero es lo que me han comentado). Las lápidas son muy blancas, un blanco Neutrex futura que no sé cómo lograrán mantener. Y parece que se intuyen mayormente figuras de ángeles en ellas.
Preguntamos dónde bajar para ir al TEC (Instituto Tecnológico de Tosta Rica) y nos perdemos varias veces hasta llegar a éste (dos cuadras hasia la derecha, 300 metros hasia la izquierda...).
Cartago es chiva (*Apunte: chiva es guay, si dices guay no te entienden; una putada teniendo en cuenta lo que lo digo yo!). Imaginaba que Cartago iba a ser feo. Pero no, es más auténtico que San José, me gusta más. Es como cuando llegas a Valencia y estudias en Alcoy; que Valencia es supuestamente más bonita, pero Alcoy tiene mucho más encanto. Así que se puede decir que estoy viviendo en mi Alcoy tropical.



Llegamos a la uni (o como dicen aquí, a la U) y buscamos el despacho para que nos firmen el "Arrival Certificate". Ahí es cuando conocemos a la famosa Paula Ulloa y a Esteban. Con quien tantos emails he intercambiado. Nos presentan a casi todas las personas de los despachos de ese pasillo, y les falta el aire para presentarnos a la U entera.

¡Qué alegría! Esteban me dice que SÍ que tienen alojamiento para mí, una faena menos. Además, según he comprobado más tarde, es difícil encontrar un sitio amueblado.

Vamos a conocer mi nuevo hogar. La entrada funciona con tarjeta, pero realmente no funciona. Llamamos a La Trini para que nos abra, una máquina de tía. Pequeñica y con más salero que Patrick Swayze en Dirty Dancing. Me enseñan mi humilde morada; llena de verjas y alambres. Aquí muchas viviendas están igual, por seguridad, se ve. Rompe un poco el encanto del conjunto; pero la casita es preciosa. Tiene dos habitaciones, un baño y un comedor-cocina. Más tarde me enteraré de que compartiré piso con un chico español, el que ahora mismo está durmiendo detrás de la pared que se encuentra enfrente. De Alzira tenía que ser, ara si que me las pegat!!





Después hacemos una rápida visita mientras intentamos localizar el sitio para tomar el bus de vuelta a San José, ya que no me había traído mis maletas pensando que no tenía alojamiento. Vemos la basílica de nuestra señora de los ángeles, que es muy grande y bonita. Allí cada 2 de Agosto hay una peregrinación y acuden personas desde diferentes países. Para que se hagan una idea; Tosta Rica tiene unos 4 millones de hab. y ese día vienen más de un millón, de hecho ya están montando cosas para el Gran Evento.

Después nos tropezamos con unas ruinas preciosas también, muy bien conservadas.

Nos montamos en el autobús para S. José y quedamos con nuestros amigos ticos que nos han invitado a almorzar (*Apunte: almorzar no es almorzar, es comer).

Vamos al super y compramos lo necesario para cocinar una sopa azteca, típica de México (tienen bastante influencia mexicana en cuanto a comida se refiere). Esto es: queso, tortillas y sopa de tortillas (no las que conocemos en España de huevos, sino las tortitas de harina de maíz con las que se hacen las fajitas). El último ingrediente que falta lo compramos en un puesto por la calle, ya que sale más barato: aguacates. 7 aguacates por 1000c. (1,5 euros). Y nos regalan uno más por nuestra cara bonita.

Vamos a casa de Lu, y Paulo se encarga de preparar todo (más o menos) mientras ella nos enseña en su comedor los pasos básicos de salsa.



Después volvemos a nuestro hostal y nos hacemos (un poco más) amigos de los guiris de nuestra habitación. Hablan un inglés que a mi me parece chino, porque entiendo lo mismo. Al principio no pronuncio ni “hello” por vergüenza (imagina hablar con americanos utilizando mi inglés-aragonés), pero luego me entra la necesidad de hablar y le pillo el gusto.

Preguntamos al de recepción y acabamos cenando en “Nuestra Tierra” con ellos.



Una bonita velada, si señor. Lástima que ahora que nos hemos conocido ellos se van a sus respectivos lugares (a las 5 de la mañana). Y como la confianza da asco, y cuanto más primo más me arrimo (ni t’arrimes), avisados quedan de que si hacen escándalo se la liamos.

Esa noche dormimos como lo que no somos, unos angelicos.

lunes, 23 de julio de 2007

Gracias...

Ya tengo una nueva forma de ver las cosas.



Me voy a un volcán o a una playa. Lo decidimos en San José.
Pasen un buen fin de semana!

miércoles, 26 de julio de 2006

Enamorada (Parte I)

Me gustaría continuar este blog contando lo que me ocurre de forma cronológica, pero creo que esta vez haré una excepción.
Enamorada. Así es, no se froten los ojos porque han leído bien.
He vuelto a Cartago enamorada (madre, bájese las manos de la cabeza y continúe leyendo).
Tiene nombre, se llama Montezuma. La aventura comienza el viernes, más bien tarde que temprano. Pero el día comenzó temprano.
Mi nuevo compañero de piso José y yo desayunamos los productos adquiridos el día de antes en el mercado: aguacate ,papaya y mamón chino, y el café que no falte; así empezamos el día con más energía.
Vamos a la U sobre las 11:00, tal y como quedamos con Esteban; para que nos muestre nuestras escuelas y los sitios de interés del campus. Qué raro, Esteban JUSTO en ese momento no está, así que nos sentamos en el sofá color crema que da tanto calor mientras Alejandra nos habla sobre el día de la virgen del 2 de Agosto y le pedimos nos informe sobre alguna playa para visitar ese mismo fin de semana. Por fin aparece Esteban, con su pantalón largo y camiseta de manga corta para intentar cubrir sus múltiples tatuajes corporales. Me da un mapa de Tosta Rica y empezamos la ruta turística.
Nos enseña dónde está reprografía, los bancos, el edificio de la biblioteca, la parada del bus a S.José, la Soda (*Apunte: una soda es una cafetería, bar o restaurante; aunque aún no sé muy bien la diferencia ni porque unas son sodas y otras no), y lo más importante, el edificio de Ingeniería en Materiales. Me enseña más bien poco porque aún están de vacaciones, y no hay ni cristo. Miento, cristo sí, ese está en todas partes, con la devoción que hay por aquí.
Cotilleo un poco el laboratorio (lo típico: un poco de taladradora, extrusionadora, lijadora…) y a la salida Esteban me presenta al chico tico de mantenimiento mientras nos fumamos un cigarrillo Viceroy (600 colones).
Paseamos por la U, viendo el lago, los árboles… En una de esas hasta vemos una ardilla, qué salada! En mitad del recorrido tropezamos con un hombrecillo con un carro, y Esteban se acerca a él mientras nos dice: quieren un “raspao”? Me acerco a ver lo que era eso; el hombrecillo tenía un bloque de hielo que rascaba con un zarrio metálico e iba poniendo en un vaso de plástico. Luego le derrama por encima un líquido rosa fucsia de una botella de plástico y le pone leche condensada por encima. Un cisco, vaya. (Hoy lo he probado por primera vez, y la experiencia no ha resultado realmente positiva).
Volvemos a casa y nos preparamos la mochila mientras hablo por el “celular” con Álvaro, que está en la capital. Nos dice que su amiga tica está mala, así que el plan volcán se descarta por unanimidad; los españolitos queríamos playa. Biquini en la mochila como vestimenta oficial, además de una serie de productos “por si acaso” en el neceser (por si hay mosquitos, por si me pican, por si me cago, por si no me cago…).
Cambiamos euros por colones, y más que hubiéramos cambiado, porque en nuestra primera excursión no hemos escatimado en recursos. Como unos señoritos, aixó ho pague jo. Resulta que el tico que me cambia es muy bonico, así que le sonrío mucho y le hablo con ese salero que tengo cuando quiero.
Autobús para San José. Bajada en el barrio San Pedro, en los Yoses, para recoger a Álvaro, que sigue en el hostal mientras busca alojamiento. Llegamos y no está, pero no tardará en venir, así que mientras aprovechamos y preguntamos a la chica de recepción a qué playa ir (ya que teníamos que coger un bus y aún no sabíamos hacia a donde hacerlo). “Punta arenas es la más cercana, pero a mí no me gusta. Es muy turística y no tiene nada. Podrían ir hacia esta zona, está mucho más linda. Agarren un ferri (no de la familia de Amparo, sino de transporte acuático) y enseguidita llegan. Les aconsejo Santa Teresa, Mal País, Pochote, tambor, MonteZuma… Todas están muy bonitas.” Vale va, vamos a Montezuma mismo, que parece (repito,parece) cerquica. Llega Álvaro y yo no sé cómo tarda tanto en hacerse una mochila para ir a la playa. Seguro que se está arreglando el pelo, aunque no sé para qué, si con esta humedad siempre lo lleva hecho un desastre. Le meto presión y nos vamos en taxi a la estación de buses. Aquí muchas veces vale la pena coger un taxi, ya que son muy baratos y seguros (aunque por el día no hay problema alguno). Ya estamos en la estación del barrio CocaCola; y somos tan listos que no nos hemos molestado en mirar los horarios. Estaba claro, no hay bus directo. Eso quiere decir que tenemos dos opciones: ir hasta Punta Arena y de ahí coger el ferri, o ir hacia otro sitio (imaginad con el mapa comprobando si las próximas salidas de los buses tenían por destino un lugar con mar). Decidido, como maña que soy me había encabezonado con Montezuma y Montezuma. Y no sabía ni porqué (y qué gran acierto!).
Cambiamos de estación, dame 3 para Punta Arenas. Esperamos haciendo cola sentados, porque cuando se llena el bus tienes que esperar al siguiente, y mientras nos comemos unas especie de empanadas (que hacen muy buenas, por cierto) que llevan pollo, cómo no, y salsa de frijoles, cómo no. Dejo que los señores se sienten juntos en el bus para que vayan pillando confianza (se habían conocido en el hostal hacía menos de una hora), y yo me siento en la otra parte del pasillo al lado de un tico que estaba más o menos de buen año. Llevaba una perillica, grandes mofletes y uñas largas. –Hola. –Qué tal? – Cuanto dura el bus? - 2 horas, si no pasa nada.
¿Cómo que si no pasa nada? Axó que vol dir? Me explica que ha venido por la mañana a San José y había un camión cisterna que se había salido de la carretera, así que a lo mejor habría que dar rodeo. Joder, rodeo dice. No sé si me atrevería yo a llamar rodeo a esa barbaridad. En efecto, dos horas se convierten en cuatro por la gracia de dios. Menos mal que el tío es muy simpático y hablamos durante casi todo el trayecto. Yo creo que tenía vida para hacer ameno tres rodeos más. Antony (que no Antonio, ojo), un chico de 31 años que tenía ya 3 hijos. El primero a los 20. De padre mujeriego y madre de paradero desconocido cuando el cumplió 15. Trabajó en la construcción, en un quebradero, en subasta de ganado, taxista y de momento autobusero haciendo papeles para cambiarse a camionero.
Llegamos a las 8:30 pm, sin la esperanza de que haya ferri tan tarde, decidimos que lo mejor será quedarnos en un hostal cerca del puerto y madrugar al día siguiente. Taxi! Llévanos al ferri. (Antony me había aconsejado que como era de noche mejor coger taxi).
Le preguntamos al taxista y nos asegura que el ferri que sale va para MonteZuma. Compramos los billetes y nos montamos. Estando allí nos entra la duda de si el destino de dicho ferri era Montezuma, y nos dicen que “casi”; es Paquera. El ferri dura una hora, así que a las 10 de la noche ya no hay bus hacia Montezuma. El hombre del bar escucha nuestra conversación y aprovecha para decirnos que conoce a un taxista que nos podría llevar. Hablo con él. Nos dice que la maría suele marcar unos 29.000 colones (*Apunte: María, taxímetro donde marca lo que cuesta el trayecto). Pensamos en las posibilidades y nos son muchas, así que escogemos la opción más cara, y más segura.

miércoles, 27 de julio de 2005

Para los que piden fotos....

Bueno, os dejo un adelanto con documentación gráfica para ir abriendo apetito....

Billetes de San José a Punta Arenas.



Sentados en la estación de bus esperando.




Playa Montezuma









Un mono muy mono...



Yo muy extresada.



Cataratas de Montezuma.





Álvaro cogiendo su primer coco (verde).







Vuelta a la cascada que no habíamos encontrado.





Otras cascadas.




Me parece suficiente para que os hagais una idea :)

Pura Vida.

jueves, 29 de julio de 2004

Enamorada (Parte II)

En capítulos anteriores…

No sé si es por mis habituales cambios de humor, por posibles efectos premenstruales o por la inseguridad ante la posibilidad de dormir al aire libre; pero durante un largo rato mi simpatía brilla por su ausencia.
Mis nuevos compañeros (creo) se sorprenden al conocer mi mal carácter.

Mierda de bar de ferri. Nos pedimos algo para llenar el vacío interior y nos sentimos estafados por la bazofia que nos han servido.
Mientras, planteamos la opción del taxi traduciendo los dólares a colones, los colones a euros, los euros a pesetas... Comparamos los pros y los contras de tomar o no dicho taxi: es mucho más barato tomar el bus al día siguiente, pero… hay sitio para hospedarse en Paquera? Lo dudo. (Demasiado tarde para encontrar hospedaje en un pueblo de menos de 5000 habitantes).
Y sí, viva la aventura y todo lo que quieras, pero después de haber tenido alguna que otra experiencia en cajeros y suelos a la entrada de aeropuertos optaba por la opción más segura. Además, acabábamos de empezar el viaje, así que con perras chufletes.
Nos recoge el taxista nada más llegar. Se ve que encontrar un taxi a esas horas es tarea difícil, ya que en 10 metros hay 5 personas que le preguntan si está libre. Realmente hemos tenido suerte de haber contactado con él, ya que es un sitio bastante apartado de la misma ciudad.
Por una hora de viaje nos pide 29 mil colones, al final regateamos a 27 mil.
La verdad que aquí las carreteras están bastante bien, mil veces mejor de lo que imaginaba antes de llegar a Tosta Rica. Fue en ese momento cuando me dí cuenta de que no: Virgencica del Pilar, qué carreteras!! ¿Cómo carreteras? Aquello no servía ni como camino de cabras…
El camino al principio está asfaltado con miles de boquetes por todas partes que el conductor intenta evitar “manejando” en zig-zag casi todo el recorrido. Luego es de tierra, imaginen los hoyos provocados por el temporal de lluvias en el que nos encontramos ahora.
Curvas extremadamente cerradas y cuestas infernales donde el carro parecía que iba a abandonarnos de un momento a otro y nos iba a dejar tirados en mitad de aquel parque, de noche. Menos mal que hay luna llena y por lo menos la oscuridad del cielo no es tan cerrada. Me encanta. Me encanta un montón y no paro de decirlo durante todo el tiempo. ¡Qué auténtico!
Conversamos con el tío durante todo el trayecto. Nos pregunta si nos gusta tomar y fumar. Explica que únicamente hay un bar en MonteFuma, muy bacilón, pero que a él no le gusta mucho la música que ponen, porque sólo sabe bailar salsa y merengue y lo que suena ahora no sabe cómo bailarlo. Además ahora está “pansón” y las chicas ya no le quieren, pero antes no se le resistía ninguna.
Llegamos y hay un follón en la calle impresionante, ahí justo en la puerta del único bar (Chico’s bar). Nos deja en un hostal, a ver si hay sitio. Las 11 de la noche un viernes. Me meto por el primer sitio que veo, un estrecho pasillo, oscuro, más mierda que el palo de un gallinero.
Escucho a unos chicos por la parte de arriba, así que subo y les pregunto mientras el taxista nos espera. Son de EEUU, o de Canadá, no lo recuerdo. La muchacha no para de gritar y agitar su cámara diciendo: “Look what i killed in the bathroom!”. Sí, la chica acababa de matar una tarántula en el baño. Lo que yo te diga, aquello era la Casa de la Tía Paca. Les explico con mi aragóninglis nuestra situación y nos muestran una puerta donde en teoría están los dueños; pero ahí no aparece ni el espíritu santo (la gente es muy Pura Vida, ya saben). Nos despedimos muy agradecidos de los muchachos, que han mostrado gran interés en ayudarnos.
El taxista nos lleva a otro hostal que nos avisó era más caro. Llegamos y, menos mal, hay señales de vida humana. ¿Cuánto vale? 7500 Colones por persona (en la Casa de la Tía Paca valía 4000 c.) Me cago en 5 ó 6 euros más. Dame habitación, por favor!! Nos dan una habitación para nosotros tres, así que perfecto. Está bastante limpio y tiene baño, así que por fin todo sale bien.
Vámonos al bar, me muero de sed, quiero una Imperial. El pensamiento fue colectivo; casi sin necesidad de hablarlo entre nosotros lo vemos claro. Al Chico’s bar.

Continuará....

sábado, 2 de agosto de 2003

Enamorada (Parte III)

Tercera y última parte: la historia interminable.

Es probable que la gente que hay allí llevara un buen rato, ya que el grado de alcoholemia se intuye por los movimientos de cadera de las gringas con los ticos. Vaya follón. Muchas chicas rubias de movimientos ortopédicos que intentan imitar los suaves pasos de los ticos que siguen el ritmo de la música reguetoniana que está sonando. Para mayor sorpresa imaginen quién estaba apoyado en la pared a nuestra derecha…. El taxista!! Le invitamos a una birra, se la bebe mientras conversamos y se despide de nosotros.
Como buenos españoles, no nos movemos de nuestro taburete junto a la barra. Apenas hablamos, nos dedicamos a mirar la estampa. Me encantan los ticos, qué ticos! Morenazos y con rastas, lo que me faltaba, rastas; ya me lo has dicho todo.
Comentamos lo bien que bailan las ticas. Una en concreto tiene un ritmo y un salero acojonante. Pelo muy rizado y largo, flaca y pequeña y de linda cara. Una gracia bailando digna de admirar. El chico que la lleva también lo hace muy bien, pero todos sabemos que a la hora de bailar salsa la chica es la que más se luce y el chico el que más se lo curra.
Nos pedimos otra birra. Y un tequila. Y un ron. Y otro ron. Nuestro punto de vista ya va cambiando y en una de esas José me saca a bailar. Luego nos cambiamos de lugar, nos vamos de la barra a la mesa. Continuamos alucinando con la gente de allí. Había una chica extranjera que no paraba de bailar con un tico, la chica lo intentaba. Qué fea era la jodida. Luego consigue unas cariocas y las intenta bailar mientras el tico le da alguna instrucción. No lo hace mal del todo.
La tica que bailaba tan bien está sentada cerca de nosotros, así que me arranco y me acerco para felicitarle por su arte. Muy amable y simpática me dice que cuando quiera quedamos y me enseña. Vuelvo a sentarme en la mesa con mis españoles. Están a punto de cerrar, serían las 2 de la mañana. La tica, antes de marcharse, me pide mi email y dice me agregará al facebook. (Ya lo ha hecho).
Cierran y nos vamos. Y dormimos a pierna suelta.

Sábado 24 de Julio. Montezuma.

Despertamos pronto. No recuerdo ya la hora, pero el ruido del cortacésped, la luz, el calor y el cambio de horario nos impiden seguir descansando. José se ducha y se va. Mientras, Álvaro y yo intentamos llevar la contraria y cerrar los ojos bien fuerte durante un rato más.
Nos levantamos y yo ni me ducho, ¿Para qué? ¡Nos vamos a la playa!
Antes de nada desayunamos. Unos batidos de frutas tropicales y por supuesto, el queridísimo Gallo Pinto.



Montezuma son dos calles, una perpendicular a otra; y sólo hay tiendas, sodas y hostales mochileros. Muchos puestos de jóvenes (o no) haciendo pulseras mientras las venden. Nos preguntamos dónde vivirá la gente de allí, se ve que las casas de los habitantes de Montezuma están en otro sitio algo más apartado.














Nos vamos a la playa. Es un paisaje tan magnífico que se me ponen los pelos de punta mientras me pellizco para comprobar que no estoy soñando. Sí, está claro, si existe un Paraíso seguro que es como Montezuma. Nunca antes había visto unas olas con semejante altura, acojona. Es fantástico, llegan a alcanzar unos 3 ó 4 metros antes de romper, y cuando lo hacen se desmoronan en una blanca espuma de pequeñas burbujas hasta alcanzar la orilla. La arena es de granos de colores blancos y negros, más bien son como minúsculas piedrecitas.










La orilla termina en unas palmeras y árboles de naturaleza increíble; y el cielo allí está más bien nublado; aunque es bastante recomendable ponerse crema porque sol hay para largo.
Me meto al agua con unas ganas que no podía aguantar, pero me doy cuenta de que esta playa no es cómoda. Me explico, las olas son muy grandes, y sin querer tienen tanta fuerza que te empujan y no dejan que te hagas con el control de tu propio cuerpo; así que hay que estar pendiente de que no te pille una mientras estás despistado, porque sino prepárate a tragar agua salada mientras intentas no perder el traje de baño. Como yo.





Después de un rato de ejercicio físico peleando contra las olas me salgo a disfrutar más tranquilamente del paisaje. José, como se había levantado antes, había estado investigando y le habían avisado de que había unas cascadas. Anda,¿si? Qué twanis, vamos para allí. (*Apunte: Twanis es como chiva, algo que mola, que es guay).



Nos vamos hacia allí y a mi me da un poco de miedo resbalarme, ya que las sandalias que llevo son de todo menos apropiadas. El agua que baja por ahí está marrón, así que tampoco sabes lo que puede haber por ahí debajo. Con ayuda de mis compañeros consigo hacerlo más o menos bien.





Llegamos a un punto donde no sabemos cómo continuar, así que decidimos escalar una montaña imaginando que la cascada está por ahí. A mi me entra un poco de miedo, y no me veo capaz de hacerlo. En una de esas me voy a apoyar en un árbol y Álvaro consigue avisarme que no lo haga. Menos mal, era un árbol con pinchos, ¡Qué cabrón el árbol! Así que me medio pincho un poco el dedo, pero no es nada, menos mal que no pongo la mano entera, si no se me hubiera quedado como un colador.



Al final consigo escalar mientras no paro de quejarme, ¿y todo para que? Para nada, por ahí no se va a las cascadas. Hemos llegado a una carretera con una cuesta como la de la calle Palomar. Nos ponemos a subir y preguntamos a dos que bajan en moto, quienes nos chillan cuesta abajo que estamos confundidos. Así que lo damos por visto y nos volvemos a comer. Estábamos algo cansados, eso era porque no sabíamos la que nos quedaba aún… Nos pedimos nuestro plato de casado de pescado; eso es: arroz, frijoles, ensalada y corvina (exquisito).








Hace una calor impresionante, yo estoy todo el día sudando, (qué manera de sudar, por Dios), así que comemos en bañador. Con la tripa bien llena nos enteramos bien del paradero de las cascadas y nos aventuramos (de nuevo) hacia allí. Definitivamente decido jugármela, me quito las sandalias y comienzo a andar descalza. El camino cada vez es más complicado, ya no hay que saltar de roca en roca entre el agua, sino que hay que escalar montañas. Cada vez más difíciles de superar, así que mis sandalias en mi mano se empiezan a convertir en estorbo. Llega un momento donde me planteo dejarlas a mitad de camino. Le pillo el truco y me las pongo en la mano como si fueran pulseras (parezco un superhéroe a punto de metamorfosearme) y rezo para que no me pique ningún animal.
Llegamos a la primera cascada. Es muy grande y hay mucha agua, ya que estamos en época de lluvias, es por eso que baja tan revuelta y turbia. Vemos unos chicos de no más de 17 de edad que han conseguido llegar a la cascada y están sentados detrás de ella. Me da miedo, pero me quito el pantalón y me meto sin pensármelo dos veces; al fin y al cabo estaba empapada en sudor y a los gringos no les había pasado nada. El agua está fresca, buenísima.





José es un valiente y se mete en la cascada, se queda allí dentro mientras Álvaro y yo meditamos si hacer lo mismo. Lo hacemos. Vamos cuidadosamente agarrándonos por las rocas hasta que conseguimos estar muy próximos a la cascada. Cada vez cuesta más agarrarse por la corriente del agua. También por el ruido tan fuerte que tanto aturde y el agua que casi no deja abrir los ojos. Me meto. Estoy muy nerviosa porque nunca he tenido una experiencia así, me da miedo, pero a la vez me gusta. Pero no me gusta. Después de un segundo ahí dentro me agobio. Respirar es un poco difícil por el agua, e intentar ver algo también. Oigo que José dice que se va a salir de la cascada, así que le pido, con el hilo de voz que me sale, que me ayude a salir también. Me encantó la sensación durante y después.
Unos canadienses nos preguntan si sabemos cómo ir a las otras cascadas, así que vamos con ellos a investigar el camino. Este aún es más difícil. Confiamos de forma excesiva en las ramas que vamos agarrando con nuestras manos y conseguimos llegar a nuestra meta. Ahora sí me lo he ganado, me quito el pantalón y me vuelvo a meter. Estamos ahí un rato. Los canadienses sacan una lata de coca-cola y una botella de plástico conteniendo ron en su interior y nos ofrecen. José se saca un cigarro. Álvaro se agarra a la cuerda y se tira. Las chicas jóvenes que hay se suben a las rocas y se plantean durante largos minutos si tirarse o no. (Me acuerdo de Mar a dentro.)Yo disfruto, aunque sin olvidarme de que son las 5 p.m., así que no nos podemos encantar para que no se nos haga de noche. Deshacemos el camino andado, y la verdad, estoy cansada. De hecho los tres estamos muy cansados.









José se va directamente al hostal mientras Alvarico y yo disfrutamos de la playa, que parece que las olas estén más relajadas. Se está perfecto. Hablamos de lo afortunados que somos y de qué táctica utilizar para ligar por la noche; y cuando nos cansamos, nos vamos al hostal.
Me meto en la ducha y siete kilos de arena negra salen de todas las partes de mi cuerpo. Me cambio, y cuando todos estamos listos nos vamos a cenar. No queremos más Gallo Pinto, lo estamos empezando a aborrecer y a penas llevamos una semana. Suena mal, pero esa noche cenamos pizza más a gusto que si estuviéramos en Italia. Las birras se calientan tan rápido que da lástima. Ahora ya entiendo porque le ponen hielo a la cerveza. Han leido bien, le ponen hielo a la cerveza.
Compramos en la tienda pequeñita una botella de ron Flor de Caña, coca-cola y hielos, y nos quedamos en la calle, donde hay un ambiente impresionante. La mayoría son bastante hippies, así que a mi me encanta. Hay hasta alguno que baila cariocas de fuego. Estamos muy cansados, así que no pensamos aguantar mucho esa noche. De repente y sin darnos cuenta, en cuestión de unos segundos empieza a llover superfuerte, así que nos resguardamos como podemos y continuamos nuestro botellón. Cuando lo acabamos, Álvaro, que es un poco playito, decide irse a dormir; dice que no puede más (*Apunte: playo es maricón). José y yo lo tenemos claro, quien es bueno para escalar montañas es bueno para pegarse la rave, así que nos metemos al bar. Bailamos un poco y disimuladamente conseguimos hacernos sitio debajo del ventilador. Cuando llevamos un rato José se va al baño y un tico aprovecha para tirarme a la yugular. Lo tienen todo calculado, los máquinas. Me da conversación y al final hasta me cae bien. Me pregunta si bailo, pero como no tenía yo el cuerpo pa jotas ni me apetecía hacerme amigos le sorprendo con mi mejor baile: cojo mi pie derecho con mi mano derecha y me pongo a dar vueltas en círculo mientras saco la lengua como si me faltara un hervor. Le encanta. Le explico que es el baile que siempre hace mi amiga Ortopédica y veo a José apoyado en la barra; quien había visto el percal y decidió hacerse a un lado para dejar la pista libre.
El chico tico se llama José, así que presento a los tocayos y nos vamos al jardín a fumar. Nuestro nuevo amigo parece majo, pero fíate tú de los ticos, qué labia tienen. Más que yo, y eso que ya es decir. Me da su número y José consigue el número de otra tica, así que nos vamos a dormir contentos.
Al día siguiente nos bañamos por última vez en la playa paradisiaca, cogemos el bus a las 2 p.m. y llegamos a nuestra casita de Cartago a las 11 p.m. Un largo viaje.

Seguro que estoy olvidando mil cosas, y otras tantas que omito; así que si quieren saber bien lo que es Montezuma, no duden y vengan; porque merece la pena.



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