miércoles, 27 de julio de 2005

Para los que piden fotos....

Bueno, os dejo un adelanto con documentación gráfica para ir abriendo apetito....

Billetes de San José a Punta Arenas.



Sentados en la estación de bus esperando.




Playa Montezuma









Un mono muy mono...



Yo muy extresada.



Cataratas de Montezuma.





Álvaro cogiendo su primer coco (verde).







Vuelta a la cascada que no habíamos encontrado.





Otras cascadas.




Me parece suficiente para que os hagais una idea :)

Pura Vida.

jueves, 29 de julio de 2004

Enamorada (Parte II)

En capítulos anteriores…

No sé si es por mis habituales cambios de humor, por posibles efectos premenstruales o por la inseguridad ante la posibilidad de dormir al aire libre; pero durante un largo rato mi simpatía brilla por su ausencia.
Mis nuevos compañeros (creo) se sorprenden al conocer mi mal carácter.

Mierda de bar de ferri. Nos pedimos algo para llenar el vacío interior y nos sentimos estafados por la bazofia que nos han servido.
Mientras, planteamos la opción del taxi traduciendo los dólares a colones, los colones a euros, los euros a pesetas... Comparamos los pros y los contras de tomar o no dicho taxi: es mucho más barato tomar el bus al día siguiente, pero… hay sitio para hospedarse en Paquera? Lo dudo. (Demasiado tarde para encontrar hospedaje en un pueblo de menos de 5000 habitantes).
Y sí, viva la aventura y todo lo que quieras, pero después de haber tenido alguna que otra experiencia en cajeros y suelos a la entrada de aeropuertos optaba por la opción más segura. Además, acabábamos de empezar el viaje, así que con perras chufletes.
Nos recoge el taxista nada más llegar. Se ve que encontrar un taxi a esas horas es tarea difícil, ya que en 10 metros hay 5 personas que le preguntan si está libre. Realmente hemos tenido suerte de haber contactado con él, ya que es un sitio bastante apartado de la misma ciudad.
Por una hora de viaje nos pide 29 mil colones, al final regateamos a 27 mil.
La verdad que aquí las carreteras están bastante bien, mil veces mejor de lo que imaginaba antes de llegar a Tosta Rica. Fue en ese momento cuando me dí cuenta de que no: Virgencica del Pilar, qué carreteras!! ¿Cómo carreteras? Aquello no servía ni como camino de cabras…
El camino al principio está asfaltado con miles de boquetes por todas partes que el conductor intenta evitar “manejando” en zig-zag casi todo el recorrido. Luego es de tierra, imaginen los hoyos provocados por el temporal de lluvias en el que nos encontramos ahora.
Curvas extremadamente cerradas y cuestas infernales donde el carro parecía que iba a abandonarnos de un momento a otro y nos iba a dejar tirados en mitad de aquel parque, de noche. Menos mal que hay luna llena y por lo menos la oscuridad del cielo no es tan cerrada. Me encanta. Me encanta un montón y no paro de decirlo durante todo el tiempo. ¡Qué auténtico!
Conversamos con el tío durante todo el trayecto. Nos pregunta si nos gusta tomar y fumar. Explica que únicamente hay un bar en MonteFuma, muy bacilón, pero que a él no le gusta mucho la música que ponen, porque sólo sabe bailar salsa y merengue y lo que suena ahora no sabe cómo bailarlo. Además ahora está “pansón” y las chicas ya no le quieren, pero antes no se le resistía ninguna.
Llegamos y hay un follón en la calle impresionante, ahí justo en la puerta del único bar (Chico’s bar). Nos deja en un hostal, a ver si hay sitio. Las 11 de la noche un viernes. Me meto por el primer sitio que veo, un estrecho pasillo, oscuro, más mierda que el palo de un gallinero.
Escucho a unos chicos por la parte de arriba, así que subo y les pregunto mientras el taxista nos espera. Son de EEUU, o de Canadá, no lo recuerdo. La muchacha no para de gritar y agitar su cámara diciendo: “Look what i killed in the bathroom!”. Sí, la chica acababa de matar una tarántula en el baño. Lo que yo te diga, aquello era la Casa de la Tía Paca. Les explico con mi aragóninglis nuestra situación y nos muestran una puerta donde en teoría están los dueños; pero ahí no aparece ni el espíritu santo (la gente es muy Pura Vida, ya saben). Nos despedimos muy agradecidos de los muchachos, que han mostrado gran interés en ayudarnos.
El taxista nos lleva a otro hostal que nos avisó era más caro. Llegamos y, menos mal, hay señales de vida humana. ¿Cuánto vale? 7500 Colones por persona (en la Casa de la Tía Paca valía 4000 c.) Me cago en 5 ó 6 euros más. Dame habitación, por favor!! Nos dan una habitación para nosotros tres, así que perfecto. Está bastante limpio y tiene baño, así que por fin todo sale bien.
Vámonos al bar, me muero de sed, quiero una Imperial. El pensamiento fue colectivo; casi sin necesidad de hablarlo entre nosotros lo vemos claro. Al Chico’s bar.

Continuará....

sábado, 2 de agosto de 2003

Enamorada (Parte III)

Tercera y última parte: la historia interminable.

Es probable que la gente que hay allí llevara un buen rato, ya que el grado de alcoholemia se intuye por los movimientos de cadera de las gringas con los ticos. Vaya follón. Muchas chicas rubias de movimientos ortopédicos que intentan imitar los suaves pasos de los ticos que siguen el ritmo de la música reguetoniana que está sonando. Para mayor sorpresa imaginen quién estaba apoyado en la pared a nuestra derecha…. El taxista!! Le invitamos a una birra, se la bebe mientras conversamos y se despide de nosotros.
Como buenos españoles, no nos movemos de nuestro taburete junto a la barra. Apenas hablamos, nos dedicamos a mirar la estampa. Me encantan los ticos, qué ticos! Morenazos y con rastas, lo que me faltaba, rastas; ya me lo has dicho todo.
Comentamos lo bien que bailan las ticas. Una en concreto tiene un ritmo y un salero acojonante. Pelo muy rizado y largo, flaca y pequeña y de linda cara. Una gracia bailando digna de admirar. El chico que la lleva también lo hace muy bien, pero todos sabemos que a la hora de bailar salsa la chica es la que más se luce y el chico el que más se lo curra.
Nos pedimos otra birra. Y un tequila. Y un ron. Y otro ron. Nuestro punto de vista ya va cambiando y en una de esas José me saca a bailar. Luego nos cambiamos de lugar, nos vamos de la barra a la mesa. Continuamos alucinando con la gente de allí. Había una chica extranjera que no paraba de bailar con un tico, la chica lo intentaba. Qué fea era la jodida. Luego consigue unas cariocas y las intenta bailar mientras el tico le da alguna instrucción. No lo hace mal del todo.
La tica que bailaba tan bien está sentada cerca de nosotros, así que me arranco y me acerco para felicitarle por su arte. Muy amable y simpática me dice que cuando quiera quedamos y me enseña. Vuelvo a sentarme en la mesa con mis españoles. Están a punto de cerrar, serían las 2 de la mañana. La tica, antes de marcharse, me pide mi email y dice me agregará al facebook. (Ya lo ha hecho).
Cierran y nos vamos. Y dormimos a pierna suelta.

Sábado 24 de Julio. Montezuma.

Despertamos pronto. No recuerdo ya la hora, pero el ruido del cortacésped, la luz, el calor y el cambio de horario nos impiden seguir descansando. José se ducha y se va. Mientras, Álvaro y yo intentamos llevar la contraria y cerrar los ojos bien fuerte durante un rato más.
Nos levantamos y yo ni me ducho, ¿Para qué? ¡Nos vamos a la playa!
Antes de nada desayunamos. Unos batidos de frutas tropicales y por supuesto, el queridísimo Gallo Pinto.



Montezuma son dos calles, una perpendicular a otra; y sólo hay tiendas, sodas y hostales mochileros. Muchos puestos de jóvenes (o no) haciendo pulseras mientras las venden. Nos preguntamos dónde vivirá la gente de allí, se ve que las casas de los habitantes de Montezuma están en otro sitio algo más apartado.














Nos vamos a la playa. Es un paisaje tan magnífico que se me ponen los pelos de punta mientras me pellizco para comprobar que no estoy soñando. Sí, está claro, si existe un Paraíso seguro que es como Montezuma. Nunca antes había visto unas olas con semejante altura, acojona. Es fantástico, llegan a alcanzar unos 3 ó 4 metros antes de romper, y cuando lo hacen se desmoronan en una blanca espuma de pequeñas burbujas hasta alcanzar la orilla. La arena es de granos de colores blancos y negros, más bien son como minúsculas piedrecitas.










La orilla termina en unas palmeras y árboles de naturaleza increíble; y el cielo allí está más bien nublado; aunque es bastante recomendable ponerse crema porque sol hay para largo.
Me meto al agua con unas ganas que no podía aguantar, pero me doy cuenta de que esta playa no es cómoda. Me explico, las olas son muy grandes, y sin querer tienen tanta fuerza que te empujan y no dejan que te hagas con el control de tu propio cuerpo; así que hay que estar pendiente de que no te pille una mientras estás despistado, porque sino prepárate a tragar agua salada mientras intentas no perder el traje de baño. Como yo.





Después de un rato de ejercicio físico peleando contra las olas me salgo a disfrutar más tranquilamente del paisaje. José, como se había levantado antes, había estado investigando y le habían avisado de que había unas cascadas. Anda,¿si? Qué twanis, vamos para allí. (*Apunte: Twanis es como chiva, algo que mola, que es guay).



Nos vamos hacia allí y a mi me da un poco de miedo resbalarme, ya que las sandalias que llevo son de todo menos apropiadas. El agua que baja por ahí está marrón, así que tampoco sabes lo que puede haber por ahí debajo. Con ayuda de mis compañeros consigo hacerlo más o menos bien.





Llegamos a un punto donde no sabemos cómo continuar, así que decidimos escalar una montaña imaginando que la cascada está por ahí. A mi me entra un poco de miedo, y no me veo capaz de hacerlo. En una de esas me voy a apoyar en un árbol y Álvaro consigue avisarme que no lo haga. Menos mal, era un árbol con pinchos, ¡Qué cabrón el árbol! Así que me medio pincho un poco el dedo, pero no es nada, menos mal que no pongo la mano entera, si no se me hubiera quedado como un colador.



Al final consigo escalar mientras no paro de quejarme, ¿y todo para que? Para nada, por ahí no se va a las cascadas. Hemos llegado a una carretera con una cuesta como la de la calle Palomar. Nos ponemos a subir y preguntamos a dos que bajan en moto, quienes nos chillan cuesta abajo que estamos confundidos. Así que lo damos por visto y nos volvemos a comer. Estábamos algo cansados, eso era porque no sabíamos la que nos quedaba aún… Nos pedimos nuestro plato de casado de pescado; eso es: arroz, frijoles, ensalada y corvina (exquisito).








Hace una calor impresionante, yo estoy todo el día sudando, (qué manera de sudar, por Dios), así que comemos en bañador. Con la tripa bien llena nos enteramos bien del paradero de las cascadas y nos aventuramos (de nuevo) hacia allí. Definitivamente decido jugármela, me quito las sandalias y comienzo a andar descalza. El camino cada vez es más complicado, ya no hay que saltar de roca en roca entre el agua, sino que hay que escalar montañas. Cada vez más difíciles de superar, así que mis sandalias en mi mano se empiezan a convertir en estorbo. Llega un momento donde me planteo dejarlas a mitad de camino. Le pillo el truco y me las pongo en la mano como si fueran pulseras (parezco un superhéroe a punto de metamorfosearme) y rezo para que no me pique ningún animal.
Llegamos a la primera cascada. Es muy grande y hay mucha agua, ya que estamos en época de lluvias, es por eso que baja tan revuelta y turbia. Vemos unos chicos de no más de 17 de edad que han conseguido llegar a la cascada y están sentados detrás de ella. Me da miedo, pero me quito el pantalón y me meto sin pensármelo dos veces; al fin y al cabo estaba empapada en sudor y a los gringos no les había pasado nada. El agua está fresca, buenísima.





José es un valiente y se mete en la cascada, se queda allí dentro mientras Álvaro y yo meditamos si hacer lo mismo. Lo hacemos. Vamos cuidadosamente agarrándonos por las rocas hasta que conseguimos estar muy próximos a la cascada. Cada vez cuesta más agarrarse por la corriente del agua. También por el ruido tan fuerte que tanto aturde y el agua que casi no deja abrir los ojos. Me meto. Estoy muy nerviosa porque nunca he tenido una experiencia así, me da miedo, pero a la vez me gusta. Pero no me gusta. Después de un segundo ahí dentro me agobio. Respirar es un poco difícil por el agua, e intentar ver algo también. Oigo que José dice que se va a salir de la cascada, así que le pido, con el hilo de voz que me sale, que me ayude a salir también. Me encantó la sensación durante y después.
Unos canadienses nos preguntan si sabemos cómo ir a las otras cascadas, así que vamos con ellos a investigar el camino. Este aún es más difícil. Confiamos de forma excesiva en las ramas que vamos agarrando con nuestras manos y conseguimos llegar a nuestra meta. Ahora sí me lo he ganado, me quito el pantalón y me vuelvo a meter. Estamos ahí un rato. Los canadienses sacan una lata de coca-cola y una botella de plástico conteniendo ron en su interior y nos ofrecen. José se saca un cigarro. Álvaro se agarra a la cuerda y se tira. Las chicas jóvenes que hay se suben a las rocas y se plantean durante largos minutos si tirarse o no. (Me acuerdo de Mar a dentro.)Yo disfruto, aunque sin olvidarme de que son las 5 p.m., así que no nos podemos encantar para que no se nos haga de noche. Deshacemos el camino andado, y la verdad, estoy cansada. De hecho los tres estamos muy cansados.









José se va directamente al hostal mientras Alvarico y yo disfrutamos de la playa, que parece que las olas estén más relajadas. Se está perfecto. Hablamos de lo afortunados que somos y de qué táctica utilizar para ligar por la noche; y cuando nos cansamos, nos vamos al hostal.
Me meto en la ducha y siete kilos de arena negra salen de todas las partes de mi cuerpo. Me cambio, y cuando todos estamos listos nos vamos a cenar. No queremos más Gallo Pinto, lo estamos empezando a aborrecer y a penas llevamos una semana. Suena mal, pero esa noche cenamos pizza más a gusto que si estuviéramos en Italia. Las birras se calientan tan rápido que da lástima. Ahora ya entiendo porque le ponen hielo a la cerveza. Han leido bien, le ponen hielo a la cerveza.
Compramos en la tienda pequeñita una botella de ron Flor de Caña, coca-cola y hielos, y nos quedamos en la calle, donde hay un ambiente impresionante. La mayoría son bastante hippies, así que a mi me encanta. Hay hasta alguno que baila cariocas de fuego. Estamos muy cansados, así que no pensamos aguantar mucho esa noche. De repente y sin darnos cuenta, en cuestión de unos segundos empieza a llover superfuerte, así que nos resguardamos como podemos y continuamos nuestro botellón. Cuando lo acabamos, Álvaro, que es un poco playito, decide irse a dormir; dice que no puede más (*Apunte: playo es maricón). José y yo lo tenemos claro, quien es bueno para escalar montañas es bueno para pegarse la rave, así que nos metemos al bar. Bailamos un poco y disimuladamente conseguimos hacernos sitio debajo del ventilador. Cuando llevamos un rato José se va al baño y un tico aprovecha para tirarme a la yugular. Lo tienen todo calculado, los máquinas. Me da conversación y al final hasta me cae bien. Me pregunta si bailo, pero como no tenía yo el cuerpo pa jotas ni me apetecía hacerme amigos le sorprendo con mi mejor baile: cojo mi pie derecho con mi mano derecha y me pongo a dar vueltas en círculo mientras saco la lengua como si me faltara un hervor. Le encanta. Le explico que es el baile que siempre hace mi amiga Ortopédica y veo a José apoyado en la barra; quien había visto el percal y decidió hacerse a un lado para dejar la pista libre.
El chico tico se llama José, así que presento a los tocayos y nos vamos al jardín a fumar. Nuestro nuevo amigo parece majo, pero fíate tú de los ticos, qué labia tienen. Más que yo, y eso que ya es decir. Me da su número y José consigue el número de otra tica, así que nos vamos a dormir contentos.
Al día siguiente nos bañamos por última vez en la playa paradisiaca, cogemos el bus a las 2 p.m. y llegamos a nuestra casita de Cartago a las 11 p.m. Un largo viaje.

Seguro que estoy olvidando mil cosas, y otras tantas que omito; así que si quieren saber bien lo que es Montezuma, no duden y vengan; porque merece la pena.



domingo, 11 de agosto de 2002

Peregrinación hacia La Cueva.

Me da la impresión que fue ayer cuando ponía el pie en Tosta Rica, y resulta que el sábado ya cumplía mi tercera semana aquí. En el país más feliz del mundo (o al menos eso dicen).
Perdonen este paréntesis, pero como no tengo mucho que hacer, hago muchos planes y siempre acabo liada. Ahora, ya he vuelto :)

Primer fin de semana de Agosto del Dosmildiez.
En fin, estaba meditando si ese fin de semana empezó viernes o fue jueves. Pero en realidad empezó el miércoles.

Miércoles 28 de Julio. Cartago.

Me levanto pronto, a las 7:00. No por amor al arte sino porque es mi segundo día de clases aquí en el TEC. Como buena española llego diez minutos tarde; incluso algo más porque no encuentro el aula y tengo que ir a preguntar a Galina (directora de materiales, la tía más seca de Tosta Rica).



Parece que al resto de la clase le ha sucedido lo mismo, así que a parte del profesor (al que le llaman "mono" por su parecido con dicho animal) sólo están dos chicos. Uno de ellos Tapón, quien será mi primer amigo de clase.
Pero dejo para otro capítulo las experiencias en la U; hoy me centraré en el largo y católico fin de semana.
Me llama Álvaro al celular y me avisa de que los arquiTECtos se manifiestan hoy en Cartago (les han robado ordenadores y demás material escolar). Después de un rato manifestándose, la cosa se empieza a volver empalagosa ("dígame usted que se siente al tener azúcar para el café"), así que decidimos echarnos unas Imperiales para cambiar de sabor (serían las 4:00 pm). Por supuesto, en "La Marita", más conocido como La Cueva. A dos cuadras de casa.



Hacemos nuevos amigos, y cuando empezamos a cansarnos de ellos Álvaro sugiere cambiarnos de mesa; con los chicos de su clase. Entre ellos hay un chico bastante guapo, así que apoyo su idea y nos cambiamos de campo (*Apunte: campo es sito).
Mientras vamos hablando, vamos bebiendo. Y cuanto más bebemos, más hablamos.
Nuestros nuevos amigos nos gustan, y creo que también les gustamos a ellos. Al fin y al cabo somos españoles y todos sienten curiosidad por nosotros.
Aparece Tapón. Y más tarde los demás "compas" de clase, aunque tampoco les presto demasiada atención, ya que estamos muy inmersos en la conversación con los amigos que estudian en Chepe ( *Apunte: Chepe es como Pepe, de ahí que se le denomine así a San Jose).



Seguimos tomando birras con la Promo de 2x 1500c. En una de esas Tapón me invita a un chupito de tequila; cuando miro a la barra me sorprendo por el tamaño, ya que es casi el doble que un chupito español.
Cuando José acaba sus clases también se deja caer por La Cueva, y aunque le sacamos bastante ventaja, en seguida se pone manos a la obra y consigue adaptarse rápidamente al entorno.
Le presentamos a Olman (el chico de Limón), a Melania (o Memita) y a Diego (el chico guapo); y continuamos hablando todos entusiasmadamente preguntando cómo se dice qué palabra en el país del otro o cuáles son las comidas típicas; mientras aseguramos que unos cocinaremos para los otros algún día.



La música que suena SIEMPRE en La Cueva es reggae. Ponen el volumen tan elevado que se oye desde mi casita. Por eso estamos durante todo el tiempo en la terraza.
Serán ya como las 10:00 pm y los arquitectos se van a San José. Nos quedamos José, Diego, Tapón y yo. A mi me da la impresión de que ya no queda nadie, pero dentro está el ambiente bastante caldeado. Le echo los perros a Diego (*Apunte: echar los perros es tirar los trastos) antes de que se vaya y parece ser que no cuela. Así que la Maria Jesús se alegra cuando se lo cuento. Duramos un rato más José, Tapón y yo; pagamos la cuenta y casi tengo que empeñar el reloj de oro y mis joyas para saldarla. Luego intentamos encontrar el camino a casa entre los tres, menos mal que sólo hay unos metros y lo logramos conseguir con bastante agilidad.

Jueves 29 de Julio. Cartago.

Despertamos con goma (*Apunte: dícese goma a la resaca) y me voy a clase de laboratorio de la fundición. José se ha ido a San José, así que estoy solitica. Hablo con Álvaro por el facebook y comentamos la opción de hacernos compañía mutua; así que tomo el bus con destino San José, no sin antes quedar con Memita en San Pedro. El autobus que sale del TEC está tan lleno que los que no cabemos nos intentamos acoplar cual tetris en el pasillo. Llego a San Pedro y espero durante más de media hora; así que al final consigo ponerme en contacto con Álvaro (ya que aún no tenía celular tico) y tomo un taxi para su casa; dirección: al lado de la U, cerca de la casita que tiene hierba en la fachada. Cuando voy hacia los taxis casí no me doy cuenta y cojo un pirata (*Apunte: pirata es un taxi que no es taxi, sin maría, y que cobra más); pero al final cojo uno bueno. Lo maneja un mae negro, de Panamá dice, David. Antes de montar le pregunto el precio para saber por donde van los tiros, y me dice 2000 colones. Después de unos metros me doy cuenta de que no ha encendido la maría, y creo que me la quiere pegar; al final el tío es simpático y me cobra 1500; según me entero después muy barato.

Llego a casa del granadino y al rato aparece Memita con Olman. Mientras Álvaro prepara pasta, las chicas nos vamos a por unas Imperiales. Cenamos y felicitamos a Álvaro por la cenica. Hablamos durante un largo rato y nos vamos a dar una vuelta. Tardamos en decidirnos y por fin vamos a Reventados; donde tomamos un tubo de birra.



Nos ponen también un cubo con hielos, que yo me niego a tocar. Olman se echa mucho hielo y yo lo miro mal. Después de un par de vasos la cerveza se calienta, así que me resigno y me uno al club de Olman: mi primera cerveza con hielo.






Estamos ahí durante un rato hablando; y también bailando, porque aunque no baile nadie y no sea un sitio de bailar; aquí en cualquier lugar se hace. Eso es así. Luego echamos unos futbolines y un mae nos pega una paliza jugando el solo contra los españoles y la tica.
Llevamos a Álvaro a casa y me voy a la de los ticos, que me preparan con mucho amor la cama mientras calientan en el micro puré de papa y algo más.

Viernes 30 de Julio. San José.

Las 10:30... Récord!! Qué tuanis, me he despertado tardísimo. Olman prepara pechuga y lechuga para almorzar (Memita y Rommel se sorprenden por la ausencia de arroz y frijoles, lo cual agradezco). A las 2:00 pm los ticos tienen reunión en la U; así que voy a casa de Álvaro a tomarme un café.



Después vamos todos a un bar de un hotel muy bonito donde hay un tio tocando la guitarra.








Hoy hay fiesta de arquitectura, así que tiene buena pinta. Hay que esperar a que Rommel, que es el encargado de la vara (*Apunte: vara es cosa, movida) , venga a por nosotros en carro; y llueve un montón. Viene José de clases en Cartago. Tanto rato esperando empezamos a peder el ánimo, y los nervios. Al final aparece y nos metemos siete en el carro. Llegamos a aquel lugar, y resulta ser un sitio precioso. Según nos comentaron o entendí era un colegio privado donde el padre de Rommel tenía algo que ver. Era un jardín con su casetica muy cuca, adornada con luces. Por supuesto no podía faltar una barra y un puesto de HotDogs. Diego pone la música, y los demás las ganas de perreo.
Al principio me encuentro un poco fuera de lugar, estamos mojados por la lluvia y cansados de esperar. Además, estos ticos bailan tan bien que da vergüeza compartir la misma pista de baile. Definitivamente, no bailo ni aunque me arranquen el brazo. Así que, como siempre, los tres españoles tenemos ubicado nuestro hueco en la barra. Nos hinchamos a birras. Tomamos gelatina con alcohol (por cierto, vaya marranada). Toman tequila, pero yo paso - Déjate, ya tuve bastante el miércoles!- Y es ahora cuando empieza el baile. Soy la artista de la pista, sobre todo porque ya queda poca gente y el punto de vista de todos ha cambiado de forma radical. Engancho a Olman por banda y no lo suelto. Me encanta como baila, tiene una gracia que no la tiene ningún otro. Se nota que es de Limón, aunque (aún) no he estado allí, pero imagino que todos bailan así.
Van pasando las horas entre conversaciones con gente nueva, birras, bailes y cigarros; hasta que sólo quedamos nosotros. Es tarde, y la chica de los perritos calientes hace rato que se fue. Así que nos vamos a "La muerta de hambre". (Por la calle ya se ve toda la gente que hace la peregrinación hacia Cartago, por la Virgen de los Ángeles). Comemos no recuerdo bien qué y nos vamos a casa de Olman y Memita; donde nos dejamos caer en los colchones que encontramos y nos damos las buenas noches mientras está empezando a amanecer.

jueves, 16 de agosto de 2001

Felicidades.

Allá donde fueres, haz lo que vieres.

Ayer, como cada quince de Agosto, se celebró en Tosta Rica el día de la madre. Aquí es un día muy importante; y no es para menos, porque madre no hay más que una.

Así que yo le felicito a la mía, que se lo merece y mucho.



Mil besos.
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